MEXICO – Posicionamiento de Católicas por el Derecho a Decidir ante las recientes declaraciones del Papa Francisco sobre las mujeres que abortan

12 de octubre de 2018

 

Al papa Francisco

Lamentamos profundamente sus recientes declaraciones sobre el aborto. Aunque desde el inicio de su pontificado no esperábamos que cambiara su postura al respecto, teníamos la esperanza de que fuera más comprensivo con los millones de mujeres que se encuentran en el dilema de interrumpir o continuar con un embarazo y con aquellas que, en medio de un profundo conflicto moral, lo interrumpieron por ser resultado de una violación o por experimentar violencia o situaciones económicas difíciles en sus hogares.

Lamentamos sus hostiles palabras, pronunciadas en medio de graves escándalos de pederastia, ante la cual no se han tomado medidas contundentes para evitar más daños a las víctimas y a las familias. Esta insuficiencia está siendo aprovechada por los sectores eclesiales más conservadores para dañarlo, como sucedió con los casos de Pensilvania y la carta del arzobispo Carlo María Vegañò contra usted. Lamentamos sus comentarios en el marco de un sínodo que intenta retomar las palabras, las experiencias y las distintas realidades de las juventudes en el mundo…

Se está equivocando, papa Francisco, como se equivocó al no escuchar a las víctimas de la pederastia en México y en Chile. Se equivoca en sus desafortunadas comparaciones, que ofenden a millones de mujeres que se encuentran en un dilema serio, en el que ponen en juego lo más preciado: su vida. Tal vez la vida de las mujeres no signifique mucho para usted, porque, al igual que otros papas, poco habla de ellas y de sus circunstancias. Sólo ha ocupado cinco líneas de su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, de los 288 párrafos que lo forman, para expresar una autocrítica sobre la actitud que ha tenido nuestra Iglesia:

Es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?[1]

¿Comparar la interrupción de un embarazo con la violencia del nazismo y de los sicarios es una manera de acompañar y comprender las complejas situaciones y el desgarramiento que sufren muchísimas mujeres? ¿Calificar a la interrupción del embarazo como usted lo ha hecho significa romper con los prejuicios y dialogar con las jóvenes? En sus afirmaciones, ¿dónde están la cultura del diálogo, la misericordia, el evangelio y la presencia de Jesucristo?, ¿en dónde queda el Dios de Jesús, que deja a las personas en manos de su libertad y de su crecimiento moral? ¿Acaso con sus opiniones pretende calmar los ánimos de los grupos ultraconservadores que le están atacando?

Creemos en su amor a la vida, y por ello esperaríamos de usted que confiara en el amor a la vida y en la buena conciencia y la responsabilidad de millones de mujeres que interrumpen su embarazo. Incontables mujeres abortan no porque, como usted ha dicho, “toda violencia y daño contra la vida provienen del miedo”, sino porque se encuentran imposibilitadas existencial y materialmente para llevar a término un embarazo complejo y lleno de contradicciones en medio de contextos sociales y culturales empobrecidos, desiguales y violentos que no están garantizando una vida digna.

Le pedimos que retome el camino de la comprensión y la misericordia para con las mujeres que viven la incertidumbre y el dolor de un aborto. En ello podrían iluminarle unas lúcidas palabras del sínodo en torno a los numerosos jóvenes que se encuentran en áreas secularizadas:

No piden nada a la Iglesia porque no la consideran un interlocutor significativo para su existencia. Algunos, por el contrario, piden expresamente que los dejen en paz, ya que sienten su presencia como algo molesto e incluso irritante. Este pedido no nace de un desprecio acrítico e impulsivo, más bien tiene sus raíces en razones serias y respetables: los escándalos sexuales y económicos, sobre los cuales los jóvenes piden a la Iglesia que fortalezca ‘su posición de no-tolerancia hacia los abusos sexuales dentro de sus instituciones’ […] el rol pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana; la dificultad de la Iglesia para dar cuenta de sus posiciones doctrinales y éticas frente a la sociedad contemporánea.[2]

 

[1] Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, número 214.

[2] “Sínodo de los obispos. XV Asamblea General Ordinaria. Los jóvenes…”, número 66.

 

Católicas por el Derecho a Decidir, México